Consejos para combatir la obesidad
 

 
Consejos para combatir la obesidad
Primer consejo: NO CREER
Segundo consejo: SER REALISTA
Tercer consejo: EVALUAR
imagen
¡No siempre la obesidad es tan bella!
Los códigos básicos, literalmente bombardean a la persona, día y noche, en todo lugar y circunstancia; entran a su subconsciente por todos y cada uno de los cinco sentidos. Se entremezclan en las conversaciones; resaltan en las solicitudes de trabajo; aparecen por la T.V. constantemente; son pregonados por los escaparates de las tiendas... y en el caso que nos preocupa dicen:
Debes ser delgado...
debes ser delgado...
Por lo tanto el obeso se siente infractor y está plenamente convencido que su aspecto exterior emite inconfundibles y claros mensajes como éstos: Soy débil; soy desaliñado; soy torpe; soy poco inteligente; no respeto mi salud; por lo tanto:
soy infractor...soy infractor...
Así se cierra un círculo vicioso: La sociedad fuerza al obeso a sentirse mal y el obeso adopta conductas que aumentan la presión de la sociedad.

imagen
El placer de alimentarse

El ser humano, instintivamente oscila entre los polos del PLACER-DISPLACER, o sea que para el hombre todo lo que llega a él es placentero o no lo es. Punto. Es lógico pensar entonces que decidimos siempre por el placer, aún en aquellos casos que parecen aberrantes, y es así por naturaleza.
Lo placentero va ligado a lo conveniente para la conservación del individuo o de la especie.
El acto de alimentarse es y será siempre placentero. Es uno de los instintos básicos y más primitivo, por razones obvias. Es el primer instinto de conservación.
Desde el primer instante de nuestra vida, el placer de alimentarse va unido, indefectiblemente, al placer de la protección y del contacto físico. Estos dos últimos (protección y contacto físico) se van perdiendo paulatinamente , en mayor o menor grado, según los vaivenes de la historia individual, pero siempre queda firme y permanente el placer de alimentarse.
El obeso COME POR PLACER. No conozco obesos que hayan llegado a ese estado por ingerir alimentos que le desagraden.
En el obeso, el placer de comer, puede balancear la presencia de displaceres de diversos orígenes o suplantar un placer ausente.
Por ejemplo:
Un obeso come para aliviar el displacer del cansancio físico o intelectual.
Otro come para reemplazar el placer sexual.
En otros, es volver a los primeros días, donde el alimento y protección se daban juntos.
Por todo lo antedicho, el obeso que desee dejar de serlo deberá, metódicamente y a veces con ayuda profesional, comenzar por conocer su mecanismo individual, la motivación fundamental por la que el placer de comer lo hace su esclavo. Si no llega a esta motivación, podrá someterse al displacer de todas y cualquiera de las dietas del mundo para, al final, seguir siendo obeso.
Consideraciones sobre la obesidad
La obesidad o sobrepeso, es motivo cada vez más frecuente de preocupación, tanto para la población general como para la medicina en la mayoría de las culturas actuales.
Es interesante observar que ésta preocupación por el aumento de peso (más exactamente: aumento de volumen corporal) es directamente proporcional al grado de evolución cultural y económico de la sociedad a la que esa persona pertenece.

En la sociedad actual, el individuo se encuentra inmerso en un estado de competencia existencial permanente, donde los códigos de BUENO-MALO y de DESEABLE-INDESEABLE deben ser respetados (por lo menos exteriormente) ya que se traducen, al final, por ASCENSO-DESCENSO en el esquema social, por GANANCIA-PERDIDA en el sistema económico y por PLACER-DISPLACER en el plano emocional.
imagen
Desarrollo de la obesidad
Se puede definir a la obesidad como el aumento excesivo del tejido graso corporal. Este tejido, entre otras funciones, tiene la de servir como reserva energética y como protectora aislante.
¿Conocemos otros casos en los que el exceso de reservas y de protección resulten perjudiciales?.
Queda abierta la pregunta.
Como médica, no puedo eludir aceptar los conceptos e investigaciones de la medicina, al respecto. Aquellos que confirman las alteraciones que el sobrepeso excesivo puede causar al individuo en sí, según su edad y actividad; no puedo ignorar las estadísticas detalladas y fehacientes que comparan la aparición y evolución de distintas enfermedades en personas con y sin sobrepeso; no puedo ignorar los estudios avanzados sobre genética que se están llevando a cabo pero, todo esto, téngase presente, no sirve para tratar la obesidad si se desconecta de la VIDA REAL del obeso dentro de la sociedad que integra y que lo forma.
La sociedad forma obesos y a la vez los rechaza y como el obeso pertenece a esa sociedad se rechaza a sí mismo.
Este auto-rechazo es el meollo del problema. La AUTO DESVALORIZACIÓN hace difícil, muy difícil romper el círculo.
En sus comienzos, en general, el aumento de peso no se basa en una situación psicofísica de enfermedad, sino al contrario, en una de salud, de alegría y de festejo. La típica época de bonanza apta para aumentar las reservas: vacaciones, cambio de estado civil, embarazo, mejor solvencia económica, etc.
Este comienzo es insidioso pero, alerta a las personas respetuosas de los códigos y, como aún la autodesvalorización no está instalada, la persona cree que fácilmente podrá ajustarse a los cánones que ella misma venera.
Algo parecido sucede
con otros hábitos como
el tabaquismo,
el alcoholismo
y la drogadicción
Todos los días, por casi todos los medios de comunicación imaginables, aparecen artículos periodísticos que tienen como tema a la obesidad. Cientos de páginas diarias aconsejan sobre dietas y tratamientos. Miles de avisos publicitarios incitan a comprar artículos específicos; a probar métodos rápidos; a visitar institutos...Casi todos proponen la fantasía de dejar de ser una “O” y ser una “I” en pocos días, sin sacrificios, sin esfuerzos, sin dietas... (ninguno dice: sin costos).


Y a esto se refiere el primer consejo:
No creer
Si. Leyó bien. Dice:
NO CREER
Escríbeme
Me interesa tu opinión